| Ayunar
es Amar
09:31 pm | BUENOS AIRES, 25 Febrero
09 (ARZBAIRES).- "Hay algunos paisajes a los que nos terminamos
acostumbrando de tanto verlos. El gran riesgo del acostumbramiento
es la indiferencia: ya nada nos causa asombro, nos estremece,
nos alegra, nos golpea, nos cuestiona. Algo así puede pasarnos
con el triste paisaje que asoma cada vez con más fuerza
en nuestras calles. Nos acostumbramos a ver hombre y mujeres de
toda edad pidiendo o revolviendo la basura, a muchos ancianos
durmiendo en las esquinas o en los umbrales de los negocios, a
muchos chicos durante el invierno acostados sobre las rejillas
de los tragaluces de los subtes para que les suba algo de calor.
Con el acostumbramiento viene la indiferencia: no nos interesan
sus vidas, sus historias, sus necesidades ni su futuro. Cuántas
veces sus miradas reclamadoras nos hicieron bajar las nuestras
para poder seguir de largo. Sin embargo es el paisaje que nos
rodea y nosotros, queramos verlo o no, formamos parte de él.
A este corazón acostumbrado viene a despertarlo y rescatarlo
del mal de la indiferencia "la trompeta que invita a hacer
sonar el profeta" con la que se inicia este tiempo de cuaresma.
Y a palabra del Dios que ama con desmesura a todos sus hijos nos
dice con ternura "Vuelve a mí de todo tu corazón".
Ese es el deseo de Dios: que nosotros, que a veces nos encontramos
y vivimos lejos de él, volvamos no por obligación,
no de mala gana, no por miedo…sino de "todo corazón".
Es lo esencial de este tiempo que iniciamos: aceptar la invitación
a entrar más y más en la intimidad del Señor.
Es una palabra de amor a nosotros, hombres que tenemos la tendencia
de poner siempre el acento en los "cumplimientos". Por
eso Dios continúa diciéndonos: "Desgarren sus
corazones, y no sus vestidos". Nuestros gestos, nuestras
mortificaciones, nuestros sacrificios, sólo tienen valor
si proceden del corazón, si expresan un amor.
Uno de los pilares de nuestro camino de preparación cuaresmal
es el ayuno; pero éste debe partir del amor y llevarnos
a un amor más grande. El ayuno que Dios quiere sigue siendo
"partir nuestro pan con el hambriento, albergar al pobre
sin abrigo, vestir al desnudo y no dar la espalda al hermano".
Ayunar desde la solidaridad. Hoy sólo se puede ayunar
trabajando para que otros no ayunen. Hoy sólo se puede
celebrar el ayuno asumiendo el dolor y la impotencia de millones
de hambrientos.
Quien no ayuna por el pobre engaña a Dios. Ayunar es amar.
Nuestro ayuno voluntario debe ayudar a impedir los ayunos obligados
de los pobres. Ayunemos para que nadie tenga que ayunar.
Este miércoles de Ceniza iniciamos, como Iglesia en Buenos
Aires, una vez más "El Gesto solidario de cuaresma".
Y deseamos que sea la respuesta de una comunidad de discípulos
que se preparan a seguir un camino de conversión para 2hacer
ayuno" de verdad. Un ayuno que sea signo de solidaridad con
los que ayunan involuntariamente, un signo de justicia en un mundo
cruel donde a unos se le hincha el estómago de comer y
a otros el vientre de no comer; un ayuno que es no una imposición,
sino la necesidad de manifestar la gratitud por el amor entregado
de Jesús que nos dio la Vida, y continúa dándola".
Card. Jorge Mario Bergoglio s.j.
Miércoles de Ceniza
25 de Febrero de 2009 |