La Visión de la RSE
La Responsabilidad Social Empresarial (RSE) es una visión sobre la empresa que concibe el respeto a los valores éticos, a las personas, a las comunidades y al medioambiente como una estrategia integral que incrementa el valor añadido y, por lo tanto, mejora la situación competitiva de la empresa.

La RSE es algo más que una serie de actividades o iniciativas aisladas basadas en el mercadeo, las relaciones públicas u otros beneficios empresariales. Se trata más bien de un conjunto comprensivo de políticas, prácticas y programas que se incorporan a todas las operaciones y procesos de toma de decisión empresariales.

A los efectos de esta iniciativa, las nueve áreas incluidas bajo la rúbrica de RSE son las siguientes:

Misión y perspectiva
Ética
Salud y seguridad en el lugar de trabajo
Medioambiente
Desarrollo comunitario
Mercadeo responsable
Políticas públicas que afectan a una determinada empresa
Gobierno y transparencia empresariales
Derechos humanos

Generalmente, incorporar la RSE significa poner en marcha un sistema de gestión con procedimientos, controles y documentos, y es un mecanismo que permite a las empresas funcionar de acuerdo con los principios de RSE.

Existen en el mundo numerosas normas de RSE que han sido objeto de sistematización, lo que hace posible un seguimiento y una evaluación objetivos.

Durante la última década, el número de empresas que han reconocido los beneficios empresariales asociados a las políticas y prácticas de RSE ha ido creciendo. Sus experiencias se han visto reforzadas por un cuerpo cada vez mayor de estudios empíricos que demuestran que la RSE tiene una influencia positiva en los resultados económicos empresariales y no perjudica el valor accionarial.

Las empresas también se han visto incentivadas a adoptar o a ampliar sus estrategias de RSE como consecuencia de las presiones procedentes de consumidores, proveedores, empleados, comunidades, inversores, organizaciones de activistas y otras partes interesadas.

El resultado de todo esto ha sido un espectacular incremento de la RSE en los últimos años, con empresas de todos los tamaños y sectores desarrollando estrategias innovadoras.

Las empresas se han percatado de que la RSE es un buen negocio, porque incrementa la productividad, contribuye a mejorar la competitividad y crea una imagen positiva de la empresa a los ojos de los consumidores, los inversores y la comunidad en general.

Las empresas que han puesto en práctica las medidas y las actividades propias de la RSE han experimentado toda una serie de beneficios finales, entre los que podemos incluir:

Unos mejores resultados financieros
Una reducción de los costos de funcionamiento
Una mejor imagen y reputación de su marca
Un incremento del volumen de ventas y de la fidelidad de la clientela
Un aumento de la productividad y la calidad
Una mayor capacidad para atraer y retener a los empleados
Una menor supervisión normativa
Un mejor acceso al capital

Del mismo modo, las empresas socialmente responsables, que persiguen otros objetivos además de la obtención de beneficios, pueden tener una influencia social, económica y medioambiental positiva, contribuyendo a mejorar las condiciones laborales y ambientales, incluidas las de sus pequeños proveedores.

Así pues, en términos generales, el resultado más destacado de la aplicación de una estrategia empresarial eficaz centrada en la RSE son las ganancias de competitividad. En último extremo, estas ganancias de competitividad asociadas a la RSE pueden encuadrarse dentro de dos categorías fundamentales y superpuestas: legitimación y productividad.

Legitimación: los beneficios de ser considerada una organización responsable que cumple criterios sociales, medioambientales y éticos. Estos beneficios se concretan en una mejora de la reputación y de las relaciones con las principales partes interesadas, como clientes, inversores, reguladores, proveedores y comunidades.

Productividad: los beneficios asociados a iniciativas sociales y medioambientales en términos de ahorro de costos, mejora de la calidad, moral de los empleados, desarrollo de productos, comprensión de los actuales y nuevos mercados y regulaciones, mejor gestión del riesgo e innovación.

A lo largo de la última década ha quedado claro que las empresas multinacionales que invierten o que tienen negocios en otros continentes deben mantener una ética empresarial. Como consecuencia, son muchas las empresas que se encuentran destinando considerables recursos a la educación, la salud, la planificación familiar, el medioambiente y otros programas semejantes que no forman parte de su principal actividad empresarial.

En muchos sectores, los grupos industriales se preocupan por la conservación y por los problemas comunitarios con el fin de garantizar una comunidad de proveedores sostenible, sólida desde el punto de vista medioambiental y rentable, del producto de mayor calidad del que depende su industria. En tanto que proveedores de empresas de mayor tamaño y en el contexto más amplio del comercio internacional, las pequeñas y medianas empresas (PYME) prestan cada vez una mayor atención a las cuestiones relacionadas con la RSE como un modo de mantener o de abrirse el acceso a los mercados.

La inclusión y el compromiso de las partes interesadas constituyen un ámbito fundamental en el contexto de la RSE. Este área se ocupa de la estrategia empresarial dirigida a trabajar junto a las principales partes interesadas como una alternativa eficaz para mejorar las condiciones que hacen posible las actividades de la empresa, evaluar y gestionar los riesgos empresariales y aumentar la competitividad.

Las principales partes interesadas en la gestión empresarial están representadas por los empleados, los clientes, los accionistas y otros proveedores de financiación, los proveedores y subcontratistas, la comunidad local y la sociedad civil en general, los competidores y el gobierno.

La idea es que una participación significativa de las partes interesadas permite a los directivos empresariales prever las consecuencias y las posibles reacciones de todos los grupos relevantes involucrados en el proceso de toma de decisiones, lo que les permite consolidar apoyo político y alianzas cruciales para mantener la actividad empresarial.

Fuente:
www.iadb.org